Volvimos a la pieza

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Foto realizada por Yasmina, hija de Mila Mellado
La pieza fue la estancia en la que quedó atrapado el bullicio de nuestros primeros años. En ella se mezclaba el ruido de los zapatones que golpeaban el suelo de las que correteaban al "tula" con los saltos acompasados de las que jugaban a la goma. Las risas, los chillidos y las conversaciones se mezclaban en un runrún que aún puedo escuchar si cierro los ojos.

Esa sala rectangular de techos altos, de paso entre el comedor y las clases, era la zona social del colegio. Cuando llovía o hacía mucho frío servía como patio de recreo techado en el que jugábamos incansablemente hasta que el sonido de un agudo silbato, como en un partido de fútbol, ponía fin a tanta diversión. Los domingos ponían sillas de madera alineadas en filas y se convertía en cine para las alumnas que no tuvieran cuentas pendientes con las monjas. En ocasiones muy señaladas se transformaba en teatro y se desplegaban las pesadas cortinas del escenario, importunando al murciélago que vivía entre los terciopelos del telón. Por las mañanas se convertía en un patio de armas donde perfectamente alineadas por clases cantábamos himnos patrióticos a los que le cambiábamos las letras para desesperación de las monjas. No puedo evitar una sonrisa cuando recuerdo las miradas inquisitoriales de las Sores para averiguar quién había cantado "por Dios por la pata del buey lucharon nuestros padres.." o "Arriba escuadras a vencer que me caso con el cordobés".

Nos marchamos del colegio y seguimos nuestras vidas, dejando en la pieza aquella niña que fuimos. Sin saberlo, las duras condiciones del internado nos habían preparado para ser fuertes, y sobrevivir con alegría lo que nos deparaba el destino. Algunas siguieron estudiando otras se pusieron a trabajar, la mayoría formo su familia y todas conservamos esa vitalidad que nos identifica y que nunca nos pudieron arrebatar las monjas.

A la vuelta de los años y gracias a Facebook y WhatsApp han vuelto nuestras conversaciones a mezclarse. No importa dónde vivamos ni qué horarios tengamos, podemos compartir nuestras vivencias, nuestras opiniones e incluso discutir y pelearnos como lo hacíamos años atrás en la pieza y afortunadamente ya no hay un silbato que termine la diversión.

Hoy nos reuniremos de nuevo en la pieza para el ágape, en el mismo sitio en que guardábamos el "paquete" con la comida que nos enviaban nuestras madres y que nos ayudaba a despistar al hambre a nosotras y a algún ratoncillo. Volveremos a dar cuenta de cuanta vianda nos pongan por delante y se llenará cada rincón de nuevo con nuestras voces y risas.

Todo se lo debemos a nuestras queridas compañeras Rosa Acinas, Mari Carmen López Fraga, Lola Pérez, Mari Carmen Rodríguez Blanco, Pili Rojas y Carmen Vaz que han dedicado muchas horas de su tiempo libre en la preparación de nuestro reencuentro con una eficacia, diligencia y saber hacer que habría dejado con la boca abierta a nuestras sores. Se podría escribir un libro con todos los mensajes de la preparación y con del proceso de localización de compañeras de una manera colaborativa. Muchas gracias a todas las compañeras que han conseguido localizar a otras colegialas y que han hecho posible que nos reunamos más de trescientas antiguas alumnas.

Por mi parte tengo que agradecer a Paquita Barragán que me localizase, mucho antes de que nos reuniéramos en las redes sociales y me hiciera ver el lado bueno del colegio, que a mí me costaba vislumbrar. Cuando recuerdo ahora el colegio ya no tengo ganas de poner una cortina de olvido sino todo lo contrario, recordar los ratos buenos que pasamos y la relación tan especial que tuvimos, mucho más que compañeras, casi hermanas.

Finalmente quisiera tener un recuerdo a las que no han podido venir, a las que no hemos podido localizar y a las que tristemente ya no están entre nosotras. Deseo que este día sea inolvidable y que "la reunión de risas, abrazos, suspiros y lágrimas" tenga nuevas ediciones