La costura

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No tengo el aspecto de ser una modistilla. Es más, si le preguntas a las personas que me conocen jurarían que no sé coser. Dentro de mi círculo íntimo sí saben de mi pasión por la costura, pero ignoran el origen de esta querencia a la aguja. Como no hay nada que no tenga su porqué, he intentado hilvanar las causas que tejieron mi afición a esta actividad tan tradicional en la condición femenina.

Tenía cuatro años cuando empecé a frecuentar la casa de una vecina que era modista. Me sentaba en una sillita de enea y me daba un trapito y una aguja enhebrada para que me entretuviera. Con la capacidad de imitación de los niños observaba sus movimientos e intentaba emularlos, e inevitablemente más de una vez me pinché el dedo y me hice sangre(1). Recuerdo como si fuera ayer a mi vecina, sentada con una tabla sobre el halda(2) donde cortaba los vestidos, dejándome fascinada con su aplomo a la hora de deslizar la tijera por el tejido. Una vez que obtenía las piezas las iba agrupando en capas y las hilvanaba con puntadas flojas para señalar lo que serían las futuras costuras. El siguiente paso era la unión milagrosa de las partes mediante una integración que daba lugar a algo que tenía la forma de un vestido, dejándolo listo para la primera prueba. La consolidación se ejecutaba por medio de la máquina de coser, con su pedal mecánico mecido rítmicamente con maestría(3). Finalmente se realizaba la segunda prueba y se remataba la prenda con dobladillos, ojales, botones, jaretas, corchetes y cremalleras. Todo obedecía a una estudiada metodología y no te podías saltar ninguna fase sin caer en la chapuza(4). Como fruto de mis observaciones llegué a confeccionar vestidos para mis minúsculas muñecas a la temprana edad de seis años.

Seguí mi carrera costurera en el internado donde Sor Visitación, una monja muy sabia en labores, viendo mi interés por aprender -más que mi destreza- me dedicó una enseñanza especial para que aprendiera todo tipo de labores. Me sentaba en una sillita baja a su derecha para tenerme controlada a la vez que me iniciaba en labores tan complejas como el frivolité y los bolillos(4). Lo que más admiraba de Sor Visi era su habilidad para deshacer los nudos que continuamente se me hacían en las hebras y su paciencia ante mi continua demanda de ayuda. Con mi talante exagerado, ponía unas hebras muy largas para coser- como decía mi madre: la hebra de María del moco, que cosió tres calzones y le sobró un poco- y los nudos aparecían al menor descuido.

Atravesé un periodo de sequía costurera comprendido entre mi salida del internado y el nacimiento de mi primera hija, en el que sólo medió el estudio de una carrera universitaria. En el último curso de la Facultad, verde de envidia, tuve acceso a un proyecto de fin de carrera que consistía en un programa para una máquina de Turing que tricotaba. Hubiera sido la culminación de mi carrera de Informática cerrarla con esta brillante idea que aunaba mi admiración por Turing(6) y mi querencia costurera, pero no estaba de Dios.

La maternidad me llevó de nuevo a las agujas de ganchillo para hacer patucos y gorritos junto con el punto de media para los minúsculos jerseys. Los niños crecieron y también sus necesidades, como los disfraces para las fiestas del colegio, las composturas de los pantalones del futbolista amateur y los zurcidos de los calcetines. Por otro lado la casa exigía cortinas, estores, fundas de sofá...

Ahora, con los hijos mayores y la casa con las telas puestas, prácticamente no ejerzo la costura, pero el gusanillo no me ha abandonado y acaricio la idea de hacer converger mis conocimientos técnicos con los costureros para jubilarme en una mercería virtual.


(1) Del pinchazo en el dedo aprendí un juego que consistía en enumerar empezando por el meñique "gusto, disgusto, amor, carta y pago", parándote en el dedo pinchado y ya tenías además de sangre una premonición.

(2) Halda: palabra aprendida del léxico de mi abuela y de uso poco común. Según el diccionario de la Real Academia Española halda es el regazo o enfaldo de la saya; también la parte del cuerpo donde se forma ese enfaldo, o, comúnmente, falda.

(3) Mi escasa psicomotricidad me impidió ser capaz de manejar este pedal mecánico, pero gracias a la innovación pude coser con las máquinas de pedal eléctrico.

( 4) Tomen nota los proyectos de hoy día que cortan a ojo, no hilvanan nada, no hacen la primera prueba, cosen a máquina con hilo de hilvanar y lógicamente cuando el cliente se pone el vestido se desbarata.

( 5) Para el que tenga interés en estas labores pueden consultar las siguientes webs: http://www.elfrivolite.com/ y http://finisterrae.com/encaje/

(6) Alan Turing, matemático inglés, fue uno de los padres de la Teoría de la Computación. A los 24 años creó el concepto de máquina de Turing para ilustrar la idea moderna de un algoritmo. Participó en el servicio británico de inteligencia durante la Segunda Guerra Mundial construyendo unas máquinas apodadas "Bombas", capaces de descifrar los mensajes generados por el ingenio criptográfico alemán llamado Enigma. Repudiado de la sociedad británica debido a su homosexualidad, a los 42 años puso fin a su vida comiéndose una manzana impregnada de cianuro. Un resumen de su vida [aquí http://es.wikipedia.org/wiki/Alan_Turing]

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